«Leer el libro de Borghesi me ha más que sorprendido». Il contributo di Magui Fischer

Dopo l’intervento del giurista messicano Bernardo Bátiz y Vázquez, dal Messico giunge un’altra voce, quella di Magui Fisher (nella foto), Professor all’Universidad Anáhuac del Norte e secretaria della Secretaría Nacional de Formación y Capacitación, che ha proposto una sua lettura del mio volume “Jorge Mario Bergoglio. Una biografia intelectual” (Encuentro 2018) durante un convegno dell’“Academia de Líderes Católicos” a Città del Messico tenutosi a fine febbraio. Ne riporto il testo.

Comentario al Libro

Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelecutal

Massimo Borghesi

Margarita Martínez Fisher

26 de febrero de 2020

 

Leer el libro de Borghesi me ha más que sorprendido.

No solamente desde el punto de vista intelectual, o desde mi experiencia de Fe o como una política católica que humildemente y con muchas limitaciones busca orientación y respuestas constantemente. Además de sorprenderme, me ha emocionado, me conmovió.

Y si algo he aprendido como docente universitaria y como formadora política, es que no hay comprensión que lleve a la acción, sin emoción. La emoción es la que mueve a la acción. ¡Qué poderosa pedagogía la de Francisco! no solamente busca enseñar convenciendo, sino que conmueve para mover a la acción.

¿Por qué es tan importante para mí la lectura desde un punto de vista práctico?

En primer lugar, para proponer en la acción política concreta, y en segundo y más importante, para intentar dar respuestas en la compleja tarea de la formación política de un Partido político.

En mi caso, de un partido como Acción Nacional, que:

  • Abiertamente reconoce como fuente de inspiración doctrinal al Humanismo Cristiano y a la Doctrina Social de la Iglesia,
  • En donde en no pocas ocasiones un sector relativamente representativo de votantes simpatizantes y militantes consideran fervientemente que debemos adoptar la postura de la Iglesia, en especial de sus voceros más conservadores o
  • En el lado opuesto, nos exigen alejar el discurso del Partido de su principal fundamento -la Dignidad de la Persona-, con un mal entendimiento del concepto de laicidad.

Mi Partido vive en constante tensión: por un lado, hay quienes piensan que somos el Partido de los empresarios, de los conservadores, la derecha, del capitalismo y la defensa de la propiedad privada a ultranza o libertario, y por el otro, quienes estamos convencidos que la mano invisible del mercado de ninguna manera es suficiente para construir el Bien Común. A mí me han dicho por lo menos bolchevique por afirmar que la propiedad privada debe cumplir una función social.

 

Curiosamente, pero no es coincidencia de eso esto segura, estamos viviendo un momento muy interesante. Muchas panistas estamos proponiendo y promoviendo un feminismo humanista e impulsamos con fuerza que el Partido se pronunciara abierta y decididamente a favor del paro del 9 de marzo en protesta por la situación de feminicidios en México. Interna y externamente nos regañan, nos corrigen…”ustedes no pueden ser feministas si no están a favor del aborto”, son fakeministas… este debate ha llegado al punto en el que se piensa que la “derecha” o el sector “conservador” del país está promoviendo tal movilización…he leído a amigas y amigos entrañables del Partido y simpatizantes preocupadísimos por que le “hacemos masa crítica al movimiento abortista” y por otro lado, al feminismo radical negando cualquier posibilidad de diálogo.

En este contexto, leer a Borghesi e intentar comprender a un personaje que genera tales controversias en nuestro mundo como es el Papa Francisco, es muy reconfortante, da paz, genera esperanza.

Por eso voy a platicar mi experiencia de Fe, intelectual y emocional al leer el libro en 3 dimensiones:

  1. El problema práctico del uso de categorías tradicionales para entender el pensamiento del Papa Francisco y cualquier otra realidad;
  2. Mi redescubrimiento de algunas de las implicaciones de Evangelii Gaudium entendiendo los documentos previos y la responsabilidad que nos corresponde como políticos;
  3. La respuesta, la propuesta de Francisco al cristianismo des-encarnado como la única manera que entiendo posible para asumir la responsabilidad anteriormente mencionada.

 

El problema práctico del uso de categorías tradicionales.

Las categorías simplistas, tradicionales de la geometría política, no solamente son insuficientes, están definitivamente superadas para aproximarnos al pensamiento del Papa Francisco. Para entenderlo, para hacer las preguntas correctas, necesitamos comprender -como lo propone el autor del libro- las fuentes de su pensamiento y su biografía, no solo desde lo intelectual sino la forma en la que su saber y entender, y la historia de su vida en un aquí y ahora concreto, tienen sentido.

Y abrir paso, desde este planteamiento, a comprender que la incompetencia-insuficiencia de las categorías tradicionales para entender al Papa Francisco no solo nos pasa con él, nos pasa en todos los ámbitos y procesos sociales, políticos y económicos del mundo actual en donde la supercomplejidad es la regla y en el que un mal entendimiento de conceptos supone y pretende imponer definiciones únicas a términos naturalmente polisémicos (derechos, deberes, libertades, democracia, género, feminismo…)

Así que el ejercicio intelectual propuesto por Borghesi para comprender el pensamiento del Papa Francisco es uno que no deberíamos considerar únicamente en la importantísima labor de comprender a nuestro Papa, sino en general para entender el discurso y la propuesta de los diversos actores de nuestro insisto, supercomplejo mundo posmoderno.

Si bien la posición del Papa no juega intencionalmente en el ámbito de lo “político”, es evidente que su discurso tiene una consecuencia necesaria y naturalmente política. Como se explica en la Introducción al libro, Francisco no tiene en su agenda satisfacer ni a liberales laicos ni a la derecha católica, su planteamiento es otro.

Comprender que Francisco, con su discurso marcado por un contexto histórico-cultural de origen latinoamericano, no es ni mejor, ni superior ni opuesto al discurso moral, social, antropológico y naturalista de Juan Pablo II y Benedicto XVI, es revelador, ayuda a dejar atrás la tentación de recurrir a las categorías tradicionales que pretenden contraponerlos.

Las categorías contienen una enorme energía polarizadora. Sirven a la mercadotecnia política, simplifican, pero no ayudan a construir, no resuelven nada, al contrario, evitan el diálogo tan necesario para encontrar nuevas respuestas.

La visión de Francisco es más espiritual que teológica, y desde ahí hay que partir para todo lo demás.

 

Las implicaciones de Evangelii Gaudium

Me apasiona la Doctrina Social de la Iglesia, como docente, como política católica en el ámbito legislativo, en las responsabilidades del gobierno local y ahora en la titularidad de la secretaría de capacitación, ha sido fuente de estudio, consulta, debate…para mí es una guía fundamental para entender la realidad, para transformarla.

Y por eso, me ha gustado tanto leer a Borghesi, para lograr una nueva comprensión de Evangelli Gaudiu.

Asumiendo que “el factor político no es un estorbo, es una acción necesaria para garantizar el equilibro entre el Todo y la parte, entre lo universal y lo particular”, entender Caritas in veritate y luego Evangelii Gaudium para mí por lo menos hace mucho sentido.

 

Caritas in veritate:

  • Análisis de positivos y negativos de la globalización (Sombras);
  • Denuncia: especulación, migración, explotación sin reglas de los recursos de la tierra, crecimiento de desigualdades (disparidades hirientes);
  • Volver a dar vigor a los Estados siguiendo la lógica de la subsidiariedad;
  • Considerar tres instancias: mercado, estado y sociedad civil;
  • Crítica tanto al mercado como al estado de bienestar: lógica dar para tener, dar por deber.
  • Introduce la idea de márgenes de gratuidad, de economía solidaria, la economía del don.
  • Retorno del Estado para suavizar, atenuar las disparidades hirientes.

 

Evangelii Gaudium

  • Más directa;
  • Límites del modelo no son accidentales sino estructurales;
  • Todo el modelo debe ser repensado en su conjunto;
  • Habla de “economía de la exclusión y la inequidad”, los excluidos no son explotados, son desechos, sobrantes;
  • Eficacia y productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas es la cultura del descarte;
  • Hay plan asistencial necesario pero es pasajero, se tienen que resolver radicalmente los problemas de los pobres;
  • El mercado no es absoluto, mano invisible no resuelve; desde mi punto de vista es claro que aquí está la acción política, se requieren decisiones, programas, mecanismos y procesos orientados a mejorar a distribución del ingreso sin caer en la tentación de la lógica asistencialista.

El paradigma no cumplió su promesa, el crecimiento no es suficiente; se necesita técnica, pero no tecnocracia. La solución es regresar al primado de la política, una política que razone sobre el bien común en un horizonte trascendente. Una “nueva mentalidad política que ayude a superar la dicotomía entre economía y bien común social; conciliar economía y bien común”.

Leer a Francisco nos ayuda a entender a la política preocupada por la fragilidad de las personas

Con este acuerdo se hace posible la paz social, que presupone, no el contraste, sino la unidad entre los <débiles> y los <fuertes>. Frente a una economía de la <inequidad> que divide , que rechaza a los descartados no productivos , la política está llamada a preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura lucha y fecundidad , en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la cultura del descarte. Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad. La política como tutela de los débiles contra los fuertes, se vuelven la cura de la <fragilidad>. Entre seres <frágiles> entran asimismo los niños todavía no nacidos.

Es necesario un retorno al primado de la política que tenga como horizonte el bien común social: la política, tan denigrada, es una altísima vocación toma es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad no es solo el principio de las micro-relaciones como las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas.

La propiedad privada no anula la donación original de la tierra a toda la humanidad, la solidaridad en este sentido es devolverle al pobre lo que le corresponde. No se trata solamente de mitigar, no es asistencial, es ir a las causas estructurales.

 

La respuesta, la propuesta de Francisco al cristianismo des-encarnado.

A los políticos nos corresponde con técnica presentar soluciones y éstas no pueden estar fuera de la realidad, por eso el método del encuentro con el amor de Dios que encontramos en el Papa Francisco en el prójimo es para mí el único posible.

La definición última de Dios -¡la última!- no podré encontrarla la filosofía: una vez que dice el ‘ente primero’,’ el ente inmóvil’, ‘el ente supremo’ o ‘el Misterio’, ya no puede pasar de aquí. La palabra misericordia, en cambio, es el verdadero nombre del misterio, el verdadero nombre del Ser. Deus caritas est: esta es la definición. A partir de esta inaudita ontología es posible atender la moral cristiana, ella también inaudita:

La moral cristiana es la respuesta a un <encuentro>, corresponde a un abrazo misericordioso que va al corazón del mísero, como sugiere la etimología de misericordia.

Insisto, nuestra responsabilidad es la propuesta técnica, posible, la iniciativa, la política pública que confronta el modelo único en cada situación y contexto, tomando en cuenta lo posible y “gobernando las tensiones” de la política tradicional de categorías insuficientes, pero esa responsabilidad no es posible sin el encuentro, sin el abrazo de la misericordia.

En las tres dimensiones de esta reflexión: superar categorías tradicionales, asumir la responsabilidad política que surge de la Evangelii Gaudumi y la propuesta de Francisco frente al cristianismo des-encarnado para el encuentro con Dios-Amor en la realidad, me quedo con más preguntas, con más inquietudes, pero sobre todo con una gran alegría y una gran esperanza:

La doctrina cristiana no es un sistema cerrado incapaz de generar preguntas, dudas, interrogantes, sino que está viva, sabe inquietar, sabe animar. Tiene u rostro que no es rígido, tiene un cuerpo que se mueve y crece, tiene carne tierna: la doctrina cristiana se llama Jesucristo.

Es más que pensamiento y categorías intelectuales; es más que emoción que mueve a la acción, es Fe, es el amor divino hecho hombre en el encuentro con el prójimo.

Que Dios nos ilumine, que nos deje guiarnos por el Espíritu Santo para confiar más en Él que en nuestras fuerzas y en especial, para aprender a privilegiar al Todo sobre la parte con un diálogo mas amplio que nos permita construir, que nos permita encontrar coincidencias desde nuestras distintas sensibilidades para cambiar estructuralmente los males del mundo.

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